amigos a mi casa, no me preocupaba como estuviese o si le faltaba “algo”, pero ya no, -¿Para qué los invito?-, para que vean a mi apá’, que da pena y molestia, ya que sigue tan “amable”, -¡No cambia el viejo de mierda!-, o para que escuchen a mi vieja sus penas, sus problemas, no se calla nunca, solo habla de problemas, tristezas, a veces te puede contar si mi viejo se calló en el baño, cuando trataba de sentarse en la taza de WC., o si lloró porque está deprimido por su enfermedad, -¡Cómo si fuese algo para sentirse orgulloso!-.
Qué la plata, qué la enfermedad, qué la casa está a medio terminar, -¡Nunca se terminaron bien las ampliaciones!-, el baño sin azulejos, todo mal, siempre mal, -¿¡A qué invitaría a mis amigos!?-.
LUNES
Me levanté tarde, hoy no hay clases, la U. Está en “paro” de funcionarios, pa’variar quieren más plata, mi mamá preocupada y triste me cuenta que la “cholita” (su gata negra), no come hace varios días, -¡Parece qué está enfermita!-, me dice y la verdad es que está en los huesos la pobre felina. No quiere estar en la casa, sale a todo el frío, se desaparece el día entero y eso es muy extraño, ya que es bien “casera”, me preocupé también por la “cholita”, -¿Qué le pasará?-, mientras que la otra gata, - la niña -, esta bien, muy gorda ya parece que estuviera eternamente preñada y regalona de mi vieja hasta decir basta, sigue a todos lados a mi vieja, parece que fuera media mongolica esa gata, siempre maullando, lo único que quiere es que la tome en brazos mi amá’, pero esta vez cagó, mi vieja anda preocupada por la chola.
Dediqué parte del día para asear mi pieza, cambiar sabanas, posiciones de las cosas, fue difícil con tan poco espacio, pero algo cambió la pieza; mientras mi mamá seguía preocupada por su gata, que no aparecía por ningún lado, -¡A lo mejor alguien se la llevó, la gente está tan mala!-, me dice con voz quebrada, le dije que dejara de pensar en tonteras, ya se está pasando de la “raya”, casi se pone a llorar. La miro bien y me doy cuenta de que ella está igual que su gata, no come, está flaquísima, -¡Ojalá aparezca luego la dichosa “cholita”, si no esta casa se va a llenar con otro drama más!-.
Después de casi una hora se dignó a parecer la gata güeona, no sé cómo pero mi mamá la escuchó maullar desde el patio y la gata estaba en el techo de la terraza, delante de la casa, partí con mi vieja y sobre una silla la alcancé y la pude bajar, al tomarla sentí todos sus huesos, al dejarla en el suelo caminó tambaleante detrás de mi amá’, que la llamaba con toda la ternura posible, para llevarla a la cocina a ver si podía comer un poco de alimento.
Por lo menos estando la gata dentro de la casa, tranquilizó medianamente a mi mamá, -¿Tienes plata para llevarla a la doctora?-, fue su pregunta, obviamente que no, la consulta cuesta a lo menos 15 mil a 20 mil pesos y esa suma es demasiado para mi bolsillo, mi mamá sabía bien que no era egoísmo, primero están las cuentas de la casa (luz, agua, gas, teléfono, comida, pasajes, etc.), y no es posible llevar a la gata al médico, nos miramos decepcionados y en silencio, luego me fui a mi pieza a seguir ordenándola y mi vieja luego de darle un poco de leche tibia con agua se fue al negocio, mi viejo estaban durmiendo, ese día estuvo muy agitado, como si hubiese hecho muchas cosas y tan solo se levantó un rato y comió.
MARTES
Hoy tampoco hubo clases, y ya me estoy “ahogando” en la casa, se me está terminando el buen ánimo y la alegría del fin de semana pasado.
Llamaron bien temprano cobrando, menos mal que mi vieja entendió que debe decir que no vivo acá, -¡Lo que no es tan falso!-, solo hace tres años que volví, antes vivía en pleno centro de Santiago.
- Me fui como a los 22 años, estaba “enamorado” o mejor dicho idiotizado, arrendé un departamento con quien era mi pareja, cuando acabó el supuesto “amor”, lo mejor que podía hacer era irme, ese gran “amor”, mi “querida” pareja, estaba desde hace bastante haciendo su vida sin mi, lo llamaban constantemente sus pretendientes y amigos, me sentía como la mierda, seguía “enamorado” y al final lo único que me ocurría era vivir desesperado, siempre angustiado -.
El dinero no me alcanzaba como para vivir solo, además que si me quedaba solo no creo que hubiese podido “superarlo”, de seguro terminaría rodeado de muchas botellas vacías, ya a esas “alturas” con una relación terminada, pero con muchas “turbulencias”, me había vuelto adicto al “copete”, -¡Problemilla que aun me cuesta controlar!-, eso fue el resultado de un gran “amor”, o soy un débil, o un imbécil, o este fue un gran error, o todas las anteriores, -¡Y por una rata!-.
Decidí volver al ceno familiar, estar con mis padres y sigo aun con ellos, con la diferencia de que ahora no me puedo ir, no tengo plata, están enfermos, me necesitan, -¡Eso creo, en fin..!-.
Hoy me quiero arrancar de esta casa y no puedo, no tengo dónde ir.
En la tarde opté por sacar a pasear a la “Amelie”, mi perra, con la cadena bien firme la llevé hasta la plaza que hay cerca, una vez allí la solté, -¡Perra de mierda!-, salió corriendo desesperada, detrás iba tratando de alcanzarla, la llamaba y no me hacía caso alguno, -¡Es tan güeona qué la puede atropellar un auto!-, al final cuando por fin se dignó a detenerse y acercarse a mi lado arrastrándose, humillándose, para que no la castigara, -¡Los animales se hacen los güeones!-,
estuve a punto de sacarle la mierda, pero al mirarle la cara de estúpida con la que me observaba me arrepentí, -¡Nunca e podido golpear a un animal!-, le coloqué la cadena y volvimos a la plaza, allí estuvimos mirando como unos “pendejos” vestidos de escolares jugaban en el pasto húmedo, mientras ocultaban entre las mochilas la botella de pisco, cuando empecé a sentir frío, nos volvimos a la casa, no sé por qué, pero tenía la esperanza de que al llegar todo estaría bien, divertido, pero no fue así, es más mi vieja me retó por llegar tan tarde, tuvo que estar “corriendo” entre el negocio y la cocina para darle la once a mi viejo.
Entré a la perra al diminuto patio y me fui al negocio, miré a mi mamá con desprecio y le dije que se fuera adentro a tomar su once y que vea su “cagá” de teleserie y no me molestase, -¡Yo cierro el negocio en la noche!-, se fue ofendida, parece que le molestó mi tono de voz, la verdad me importa nada que le molestase, más me molestan ellos…
Sonó el teléfono, dudé en contestar, -¡Puede ser un hijo de puta cobrándome!-, al final era la Tati, avisándome que gracias a no sé quién, mañana hay clases, terminó el “paro” de los trabajadores en la U., nunca creí que esa noticia fuera tan buena para mi ánimo, charlamos unos minutos y quedamos de vernos mañana, -¡Por fin existía la posibilidad de estar lejos de esta casa!-.
MIERCOLES
-¡Hace un frío de la puta madre!-, más encima se me olvidó la toalla y solo está la de mi viejo, traté de tomarla para usarla, pero no pude, evito cualquier prenda de él, e intentado superar esa sensación, el rechazo, pero no puedo, prefiero “matarme” de frío y salir todo mojado del baño y buscar mi toalla, -¡Hasta puedo usar la de mi vieja, pero la de él no!-, no me gusta, no quiero su olor, huele a viejo.
-¡No puedo, no quiero nada de él!-, al final volví al baño con mi toalla, murmurando miles de garabatos, hasta que al final me vestí.
Ya son 06:15 hrs.; tomé tiritando un café y salí a toda prisa de la casa, estaba huyendo, ya arriba de la micro me empecé a sentir mejor, éramos tantos güeones, que al final hacia calor, abrí una ventana para “ventilar” el ambiente, el mal gusto de las mujeres de usar perfumes dulzones, -¡Esos olores me descomponen el estómago!-, si ya la mayoría se viste pésimo, no mezclan bien y les encanta parecer viejas o medias “aputadas”, y te cagan la vida dejando fétida la micro.
Me adentré en la micro, cuando vi a un caballero bien gordo que me sonreía, no lo podía creer, -¡Es mi compañero de la media!-, está gordo como una ballena, vestido de terno y corbata, que parecía que lo ahorcaba, era Gabriel, me saludó de mano, me empezó a bombardear con las típicas preguntas, qué cómo estás, qué estas delgado, te ves bien, -¡Lo sé, no me interesa parecer un viejo culiao y guatón!-, pensaba mientras seguía hablando, parecía a un tío, -¡la cagó!-, cómo se puede deteriorar tanto una persona, si solo tiene un año más que yo.
Siguió hablando, contándome sobre su vida, cosa que nunca le pedí, ya que no me interesa, luego me dice que tiene dos hijos, -¡Uno de 10 años!-, no lo podía creer, -¿A qué edad te casaste?-, le pregunté sorprendido, a los 25 años me contestó.
Después vino lo típico, se empezó a fijar en algunas chicas, que obviamente eran estudiantes al igual que yo, -¡Mira qué está “rica”, lindas tetitas!-, ellas podían ser sus sobrinas, pero igual las seguía atento con la mirada, esa mirada lasciva de viejo, su vocabulario vulgar, de güeón amachado, ignorante, me empezó a incomodar, solo quería que se bajase luego de la micro.
Menos mal que pasados unos cuantos minutos, -¡Por fin!-, se bajó, que desagrado toparme con “pelotudos” inmaduros como él, al verlo cuando bajaba, observé lo viejo y gordo que está, no lo podía entender.
Entrando en la U., me sentí alegre, estaba en mi ambiente, con mis compañeros, en los grandes jardines del recinto, -¡El mismo idioma!-, nada de conversaciones estúpidas, -¡Con gente de mi “onda”, de mi edad (espiritual)!-, con intereses similares.
En el departamento de Arte, fui a ver mi horario por si había cambiado algo después del “paro”, en el mural había una lista bastante larga con nombres de alumnos que debían concurrir lo antes posible a la secretaría estudiantil y leí mi nombre en el papel, así que fui de inmediato a ver que pasaba.
La secretaria académica de la carrera me comunicó que estaba “suspendido” de clases, hasta que pague los meses adeudados, me puse rojo de vergüenza, no supe que decir, solo atiné a pararme y salir lo más rápido posible. Me sentía mareado, me encaminé al negocio de la “tía” a tomarme un café muy cargado sin azúcar, me senté con el cuerpo entumido a observar al resto de alumnos, no pensaba en nada, solo miraba, bebía café y fumaba, así estuve gran parte de la mañana, mis queridos Pablo y Tati, me daban ánimos, los miraba con detención mientras ellos me hablaban de posibles soluciones a mi “problema” monetario con mi querida U.
Pablito con su típica barba de tres días, sus pestañas tiesas, sus ojos café oscuro y su piel pecosa, siempre con un chaleco grande oscuro que cubre disimuladamente su panza cervecera, sus blue jeans gastados y las zapatillas también gastadas, hacen un gran contraste con la Tati, siempre de negro, ella voluptuosa, morena de pelo corto, aunque hiciese mucho frío siempre anda con un escote generoso, para sus grandes pechos, sus uñas largas pintadas de violeta, y si no es un vestido relativamente ajustado, es un pantalón que hacer notar sus caderas grandes, montada en unos tacos de 15 centímetros, para verse de nuestro porte, -¡Y somos bajos!-, son como la pareja dispareja, pero son tan complementarios que asusta, ambos son muy creativos, él quizá sea más lento, pero ahí está ella, veloz, siempre asertiva, estamos preparando un trabajo para un cortometraje y todo va esplendido, bueno ahora tendrán que seguir sin mi, no tendrán problemas, no les hago falta…
Ya son las 15hrs., decidí irme al trabajo, me despedí con una sonrisa, hoy llegaré demasiado temprano a la “pega”.
Extrañados quedaron varios compañeros al verme llegar tan temprano, luego en la noche Li, me habló mucho, fue divertido, luego con la Pao las bromas eran cada vez más ácidas con respecto a los ordinarios de despacho, que hoy se lucían sobre todo el prepotente y dado a culto de Esteban, con su voz ronca, flacuchento con una panza de niñito etíope, y esa barba pelusienta del lampiño, sus ojos saltones y rostro puntiagudo, parece un congrio, tan estudioso, tan “entendido” en política y economía, tan demócrata, y siempre con sus aires de superioridad, ofendiendo a los chóferes, queriendo ridiculizarnos a los telefonistas, con sus modos déspotas, pero siempre lo saco de sus casillas, trata de ser inteligente conmigo, pero al final termina como todos los vulgares, queriendo ofenderme con garabatos o bromas burdas sobre mis gustos, sobre mi vida que ni alcanza a imaginar, es un pobre imbécil, es casado, tiene una hija, -¡Pobre pequeña, cuándo empiece a darse cuenta de cómo es su padre!-.
En las burlas que hacíamos nos acompañaba también la “rata” de González, aun no entiendo el por qué, pero estuve tranquilo, parecía que nada me ocurría, el viaje de vuelta a mi “casita” fue agradable, acompañado de Li, la Pao y González.
Llegué como a la 01:15 hrs., saludé sonriente a mi mamá, mientras mi viejo dormía, después de un café gigante me fui a dormir.
La “Amelie”, le dio por saltar a cuanto cliente entrase al negocio, mi mamá se desesperó, mi viejo sentado en la terraza apenas ve y también güevea con lo suyo, de pronto mi vieja me dice que la amarre o la entre al patio, qué es peligroso si bota a algún niñito, -¡Qué tanto, qué tengan cuidado los “cabros” güeones!-, le dije. Es un animal está aburrida, solo está jugando, -¡Tú, no entiendes, así no va a entrar ningún cliente!-, ya está bien, estaba realmente furioso y entré a la perra, al volver, -¡Realmente eres insoportable, no podríamos vivir juntos!-, me espetó mi mamá, -¡Tú también eres odiosa!-, le respondí, me miró molesta, -¿Cuándo vas a entender, tu padre está enfermo, el negocio no está bien y …!-, le dije que se callara, basta de hacer dramas.
-¡Esta casa es un eterno drama, todo es para llorar, pura mierda, ustedes son unos perdedores, un error, genes malos y lo peor los genes se heredan, no tengo buen futuro, tampoco los aguanto, no han hecho nada bien, cagá tras cagá, debiluchos, vives rezando a tu virgencita, a ver si ocurre por fin algo bueno, dime qué cosa buena nos a pasado, dime que han ganado, le ganaron a alguien, mira cómo estamos, hasta los “flaites” del barrio viven mejor, siempre derrotas, mi viejo aquí en la casa era el “duro”, él mandaba, gritaba el desgraciado y afuera era un “pelotudo”, nunca aprovechó los “contactos”, un buen trabajo, no…, era demasiado correcto, buen compañero, buen amigo y aquí está solo, nadie lo ayuda, nadie lo viene a ver, entre ustedes dos me han cagado la vida, me heredan penas, derrotas, por más que lo intento, busco mejores horizontes, no sale nada, estoy tan solo cómo ustedes, de que me sirvió ser honesto, buen hijo, buena pareja, al final todo una mierda igual qué ustedes, aquí estoy tan cagado cómo ustedes, y los tengo que seguir soportando…
Abrí los ojos llenos de lágrimas, mi mamá me estaba moviendo, despertándome, -¡Despierta, es solo una pesadilla!-, la miré a la cara, sentía el pecho apretado, me acarició la cara, -¿Cómo te sientes?-, me preguntó, -¡Triste!-, fue mi respuesta, me siguió mirando con sus ojos de vieja, -¡Yo también!-, me dijo.
LA LLAMADA
Estaba con Pablo en la U., en nuestro café, conversando y tratando de solucionar mi nuevo problema de deuda con la universidad, cuando sonó mi celular, era mi vieja diciéndome que me habían llamado, -¿Un cobrador?-, le pregunté en voz baja, -¡No, una niña del canal nacional, dijo que necesitan tu currículo!-, quedé en silencio, mientras mi amá’ seguía hablando emocionada, -¡Debe ser una broma de algún idiota!-, le dije interrumpiéndola, pero le había dejado nombre y apellido, más teléfono con anexo incluido, no sabía si reír de felicidad o averiguar quién mierda me está gastando esta broma desgraciada.
Le pedí de inmediato todos los datos y los anoté, -¡Suerte!-, fue lo último que me dijo antes de que le cortara. Quedé un buen rato en silencio, en ese tiempo Pablo había ido a comprar los cafés, cuando llegó le conté, este se río muy animado, -¡Llamemos al tiro po’ gueón!-, me dijo, igual estaba nervioso, no sabía que le debía decir a la supuesta mina del canal, pero esto sonaba demasiado “bonito”, era por fin una oportunidad, podía ser la posibilidad de trabajo, para salir de toda esta mierda.
-¡Marca luego!-, le dije al Pablo, sonó algunas veces el tono, hasta que contestó una mujer, -¡Canal 7, buenas tardes en que le puedo ayudar!-, la saludé y le pregunté por la mina que me llamó a la casa, cuando me dijo que me comunicaba de inmediato, -¡No la podía creer, era verdad!-, de pronto escuché a la susodicha, -¡Hola, sabes, hoy me llamaste por alguna “cosa” sobre un currículo o algo así!-, le dije haciéndome el tonto, me contestó que así era, que necesitaba actualizar datos míos, ya que necesitan actores y otros profesionales, para unas nuevas producciones, así que al final quedé de ir al otro día en la tarde con la información y colgué.
-¡Gueón…, me parece extraño, hasta idiota, me llaman del canal nacional…, sabes cuántas veces fui pa’llá a dejar currículo, llevé proyectos, nunca, pero nunca me “pescaron”, gueón la última vez que les dejé un proyecto y currículo fue como…en 1992, o sea…, literalmente eso fue el siglo pasado, esto es casi bizarro…, te imaginas que me den pega, que resulte algo bueno…?-.
Pablo me miraba muy atento y tan entusiasmado como yo.
Durante el resto de la tarde, estuvimos en una de las salas de computación de la universidad, preparando mi currículo, cuando se me ocurrió invitar al Pablo, para que fuésemos juntos y que también dejara el suyo, -¡Total es estudiante (igual que yo) de Artes Visuales y tiene talento con la cámara y creación de proyectos!-, así que después de terminar el mío comenzamos con el de él…
A medida que pasaba el tiempo Pablo se entusiasmaba más, mientras que yo “aterrizaba” y comenzaba a darle la dimensión que merecía todo, y cada vez encontraba, que esto no era ninguna gran oportunidad, solo era que “alguien”, se topó con mi currículo y tenía que juntar papeles nuevos para justificar nuevas contrataciones, ya me estaba “bajoneando” nuevamente…
Ya eran las cinco de la tarde, Pablo le había prometido a su mamá llegar temprano, para ayudarla a ordenar el cuarto de herramientas del patio de su casa, me preguntó que iba a hacer y le dije que estaba esperando a Li, y que de ahí nos íbamos al Medusa. En eso apareció el chino, venía vestido de abrigo largo, pantalones negros listados, chaleco corto azul y boina, -¿No sé por qué le a dado con vestirse como yo?-. Pablo lo fue a saludar, Li me quedó mirando con una sonrisa de oreja a oreja, -¡Me quedan bien tu abrigo y la boina!-, me dijo mientras nos abrazábamos. Casi al instante le contamos sobre nuestros planes laborales con el canal nacional, todo esto lo hacíamos mientras caminábamos al bar, obviamente el Pablo jamás se fue temprano a su casa.
Estuvimos en el bar hasta como las nueve de la noche, no sé bien el por qué, pero pusieron por mucho tiempo música de los chicos de “Miranda”, -¡Extraño!-, comenté por aquello, pero todos los que estábamos en el local casi no hablamos, solo disfrutábamos de la música, -¡Es un grupo bien nuevo, no creía que ya lo ubicara tanta gente!-, me dice Li, mientras Pablo cierra el comentario, -¡No creo qué se hagan populares!-, suspiré hondo y agradecí aquella frase, es música para nosotros solamente…
A la salida dejamos a Pablo en la micro, luego nos fuimos, el viaje fue en silencio, diría que hasta tranquilo y agradable a pesar del chofer, que para variar manejaba como una bestia y traía a todo “chancho” la radio con cumbias “saun…”.
Antes de bajar Li se despide y me da un beso en la cara, -¡Te va a ir bien mañana!-, me dijo, y le sonreí.
Llegué a la casa como a las diez y media, me esperaba mi vieja, -¿Llamaste?-, me preguntó apenas entré, le conté todo lo que había pasado, se alegró mucho y luego me comenta que me tiene ropa lista para mañana, -¡Tenía todo preparado!-, me alegró, pero aun estaba nervioso, solo quería dormir y que llegara luego el día de mañana, vimos un poco de televisión juntos, nos tomamos un té, para luego irme a acostar.
No conseguí dormir nada, estuve toda la maldita noche despierto, incluso hasta recé, -¡Me siento tan imbécil!-.
EL DIA D
Son las siete de la mañana y ya estoy en pie, tengo todo listo, mis cuadernos (conseguí que los profes de dibujo y cine me dejaran tomar clases como “oyente”), lápices, mi coquera, el currículo, estoy bien afeitado y mi ropa es bonita, -¡Nada de corbata!-, pantalón azul oscuro recto, zapatillas negras de lona, chaleco azul corto, mi abrigo ¾ y mi gorro de lana negro, me encuentro muy guapo, mi amá’ se levantó para desearme suerte, no despedimos de un beso y partí a la U., en el eterno viaje en micro.
Al llegar encontré al Pablo en la entrada de la facultad esperándome, -¿Trajiste la foto pa’l currículo?-, le pregunté, -¡No tengo foto, pero me la saco más rato en la esquina, total hay tiempo, no hay que estar allá a las 16hrs…?-, me contestó, entramos de inmediato a la clase de dibujo.
A las 13:30hrs, terminamos las clases, fue una mañana ardua, primero dibujo y luego introducción al cine, -¡Entretenido!-, pero agotador.
Pablo estaba aun más nervioso que yo, no comimos nada, nos fuimos a sacar la foto o mejor dicho, para que él se sacara la foto, y luego irnos caminando hasta el canal, era lo mejor para economizar, recién eran las 14:30hrs, teníamos tiempo suficiente para llegar hasta el otro lado de Santiago, no era poco el tramo desde Macul con Grecia, hasta Bellavista, pero así nos relajábamos un poco.
El viaje fue entretenido, Pablo se imaginaba que terminaría trabajando en el matinal, vestido de “mono”, haciendo huevadas y que yo, haría de cartero en una teleserie, con un traje gigante y horrible, con bigote y peluca, donde nadie me podría reconocer y lo peor ni siquiera hablaría y de ahí cuatro lucas y pa’la casa…
Llegamos quince minutos antes, la sala de espera estaba llena de pendejos con sus mamás, al parecer era por que querían entrar al programa nuevo de talentos juveniles, que había comenzado hace un par de semanas, le avisé a la recepcionista que veníamos a una entrevista, me dijo que nos sentáramos y esperáramos a que ella nos llamase, así que no nos quedo otra que sentarnos a mirar y esperar; al rato llegó una niñita de sonrisa contagiosa, era una de las concursantes del programa, nos dio risa, debía tener unos 14 años y era de nuestro tamaño, -¡Estamos cagaos, cualquiera es más grande que nosotros!-, le dije al Pablo, nos cagamos de la risa.
Seguimos atentos a dos viejas, que llevaban supuestamente a sus hijos, unos pendejos de no más de seis años, ambos vestidos de rancheros mejicanos, a toda costa pedían hablar con el productor del programa, al parecer los niñitos cantan, de pronto casi como saliendo de la nada apreció una mina flaca, alta, pelo desordenado y cara sin maquillaje, más bien parecía que ni siquiera se hubiese lavado, con unos fonos en la cabeza y un cigarro a la mitad en la boca, las miró despectivamente, las escuchó, para luego hacerlas pasar, -¡Si mi vieja me hubiera hecho eso, la odiaría aun más!-, me larga Pablo y yo asentí con la cabeza, a pesar de los letreros de silencio y prohibido fumar, ocurría todo lo contrario, en un momento aparecieron unos chicos, que también al parecer participan en el dichoso programita, apenas si miraban a la gente, se daban vueltas mirando no sé qué cosa, mientras el resto de gente los miraba y comentaba entre ellos, -¡Mira ese el no sé cuantito y ese es el otro no sé qué…!-, se sentían ídolos los chicuelos, uno de ellos estaba usando a diestra y siniestra los teléfonos de la recepción, otro fumaba y fumaba, hablaban, pero no se les entendía nada, solo los garabatos, Pablo me miraba, como exigiendo una explicación, -¿Vamonos de esta mierda?-, me preguntó, -¡Es lo mejor!-, dije, nos levantamos para retirarnos indignados, cuando la recepcionista me avisa que debemos pasar, nos volvimos a mirar con el Pablo, -¿Entramos?-, le pregunté, -¡Ya estamos acá, vamos gueón!-, fue su respuesta, nos pusimos nervioso, pero alegres, a medida que avanzábamos por un largo pasillo, veíamos a “rostros” conocidos de programas, -¡Puta que es fea la mina!-, comenta Pablo sobre una bailarina y modelo, que por TV, se ve bastante mejor.
Llegamos a la puerta de un cuadrado rodeado de vidrios, que solo permiten ver las siluetas dentro, nos pareció tan feo los colores de las seudo-oficinas, todos separados por especies de biombos grises, había olor a aerosol de lavanda, -¡Bien fea la gueá!-, volvió a exclamar Pablo.
Golpeé la puerta y entramos, dentro del cuadrado solo había un escritorio, unos estantes a los lados, una planta a medio secar, muchas carpetas y papeles, el piso alfombrado del mismo color que los biombos y muebles, -¡Estaba inmundo!-, una mujer, morena y mayorcita estaba sentada, nos sonrío ampliamente, le entregamos los currículos, jamás se percató de que Pablo no estaba citado, nos comentó rápidamente de que estaban haciendo nuevas producciones y necesitan mucha gente, nosotros no alcanzamos a hablar mucho, no pudimos contarle todo lo que nos gustaría hacer,-¡Ni siquiera lo que hacíamos!-.
Antes de salir de la “supuesta” oficina y dar por terminada tan “minuciosa” entrevista, -¿Crees qué nos llamen?-, le pregunté, -¡Tengan fe!-, me respondió mientras ordenaba algunas carpetas sin mirarnos, salimos caminando lento ya sin nervios y sin prisa, estábamos en silencio, -¡Debemos tener fe!-, me dice no muy convencido Pablo.
Aprovechamos de dar unas vueltas por Pío Nono, siempre lleno de bares, además está la feria artesanal, pero esta vez, dedicamos un tiempo corto a nuestras andanzas, ya que hoy si debía llegar temprano Pablo a ayudar a su mamá.
Nos despedimos en plaza Italia, mientras el subía a Vitacura, yo bajaba al campo.
-¿Cómo te fue?-, fue el saludo de mi vieja, que estaba muy ansiosa, le conté con lujos de detalles todo lo ocurrido, le dije que debíamos tener fe, ella quedó contenta, de seguro esta noche reza por mi, por lo menos tengo una aliada llena de fe.
Como a las diez de la noche suena el teléfono, era Li, llamándome desde el trabajo, me conversa que el turno estaba una “lata”, habían puros idiotas ese día, al final me preguntó por lo del canal, y otra vez tuve que contar la historia de lo ocurrido, -¿Y qué crees qué pasará?-, me preguntó, la verdad no lo sé, le dije, -¡Debes tener fe!-, me dice riéndose, -¡Si gueón, mucha fe!-, le respondí.
Seguimos entretenidos con la charla de los seudo artistas y los rancheritos y sus mamitas, nos despedimos al rato, me deseo suerte y que me relajara, antes de colgar.
Arreglé mi pieza, quería acostarme luego, me sentía muy cansado, solo quería dormir, volví a rezar, a ver si con un poco de fe, por fin resulta.
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