lunes, 8 de julio de 2013

Estaba pensando en un cortometraje cuando lo escribí, pero no sé, salió distinto, no tengo titulo aun.

La noche está helada, bueno es invierno, camino lento, siempre las manos escondidas no quiero que me las vean. Las farolas con esa luz amarilla me provocan tristeza prefiero mirar el suelo y notar menos su incandescencia, pero la vereda se ve tan demacrada, tan fisurada, maltratada, lastimada…levanté la mirada y lo vi, estaba distante, pero lo reconocí, estaba con poca ropa, vestido a la moda, pero sin abrigo, apreté los dientes y me detuve, casualmente lo hice bajo una farola, pensé rápidamente cómo hacerlo y si era necesario… lo es, lo es, me dije, incliné hacia la izquierda mi cabeza, estaba tenso, debe ser el frío sospeché, volví a caminar, aun más lento que antes, nadie me ve, nunca. Fui subiendo mis manos por mi pantalón, hasta llegar a la cintura, estaban ahí, delgado, pero firme, en mi parte derecha…, en la izquierda estaba el otro de igual forma, los afile en la tarde, los tomé firmes y suavemente levanté mis ojos, aun seguía en la esquina, esta vez lo vi mejor, su pelo claro, sus ojos idos, el semblante cansado…caminé aun más rápido, luego más, pero silencioso, él aun no me ve, no me siente, empecé a correr, llegué hasta su lado, me detuve frente a su cara, él se asustó, nos miramos unos segundos, y luego le clavé los cuchillos, justo debajo de las costillas, le quebré una por el ruido, no pudo gritar, se quedó sin aire por el dolor, moví con fuerza las empuñaduras, hasta quedar totalmente enterrados, luego lo empujé, no se sostuvo en pie y cayó, no se movió más, incliné mi cabeza a la derecha, me sentí triste, emocionado, quiero llorar, lo hice, por fin… Me voy lento, mañana es otro día y debo hacerlo mejor, si mejor.

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